periodismo cultural y nueva obra
 
 
   SUSANA PÁEZ: 1 RELATO BREVE Y 3 POEMAS
 
 
 
 
Viaje
 
 
Hace cuarenta años, más o menos a esta hora, estaba poniéndome el uniforme del Bauzá, el de preparatorios, con corbata celeste y corría, casi en ayunas y medio dormida, las nueve cuadras que me separaban de la parada del 185. No tengo ni puta idea de por qué hoy y a esta hora me siento como entonces. Me veo correr por la escalera, dar vuelta el pasillo y pecharme con los de ingeniería. Ellos creían que los de abogacía éramos burros, nosotros creíamos que los de ingeniería eran raros, pero me gustaba Carlitos. Él me miraba, pero nunca me dijo nada, yo también lo miraba, pero estaba convencida de que los muchachos de dieciséis eran idiotas. Por qué carajo estoy recordando los pasillos del Bauzá. Hasta siento un perfume que no sé si era el del limpiador de pisos, o el de la profesora de historia nacional, medio tuerta, medio empastillada o medio borracha ( nunca lo pude descifrar). Mientras sigo escribiendo este déjà vu , la gata se despereza y yo me miro por dentro. No puedo ver qué cambió. Seguramente mis neuronas son menos, mis arterias están más rígidas y mis piernas más torpes, pero mientras sigo tecleando tengo dieciséis años y toallitas en el bolso, por si me viene y la base de maquillaje por si Carlos me habla. Subjetivamente mi interior es igual. No pasó el tiempo. Soy la adolescente que corría casi un kilómetro cuesta arriba para tomar el 185 y llegar en hora a clase. 
Una lágrima casi asoma. Pero olvidé cómo se llora. Mi mano nudosa aferra el vaso, el vidrio de la ventana devuelve mis ojeras, desaparece la joven de la corbata celeste, la escalera del Bauzá, Carlitos, la profesora de historia y mi adolescencia de los putos setentas con marchas militares, dolores menstruales y primeras penas de amor.
 
 
Pastillas
 
Pastillas de menta de metal y de mente demente
pastillas de colores sin olores
pastillas que son soles y sones
pastillas para que te levantes, che inútil
pastillas para que te duermas, no me jodas
corolas y amapolas rojas sin hojas
pastillas no me olvides
pastillas olvidame
pastillas no te quiero
es fiero así ni con dinero
pastillas no me quieras
enjaulada con las fieras
pastillas de mente demente
pastillas con alcohol
mis manos en formol
ese día
me guía
es la mía
es ahí
es así.
 
 
 
Ginebra
 
Alfa de Centauro
tu luz da la vida
que canta en la magnolia.
Alfa de Centauro
pozo nocturno
crucifica mi espera
cuatro años de luz
Alfa de centauro
ginebra y fuego
portazo en la noche
lágrima convulsa
enebro y alcohol
 
 
 
Montaña rusa
 
Te invito a viajar en mi montaña rusa
Vamos a subir, 
consumir, resentir, 
y vivir y reír, 
Pasearemos por el llano en lo alto
sin sobresalto
sin dolor
sin furor
sin ardor
Un campo llano donde pasa nada
vegetamos, nos miramos, no lloramos
aburridos, 
perseguidos, 
revivimos
nos sentimos inmortales,
 cabales, formales
Y ahora vamos a bajar, 
incordiar, 
molestar
resurgir y no rajarse, 
y llorar y carcajearse
Carajear y putear, 
no caretear
y romper
deshacer lo que hicimos
malvivimos
laburando como chinos
y seguimos canturreando
bajando
musitando
lamentando
sin oficio
precipicio
al final un fanal
soledad, 
la oscuridad
sin oficio
precipicio
la caída
mi guarida
no hay salida
escondida del espanto
nunca hay llanto
no hay villanos ni santos
no soy tanto
Te invito a viajar en mi montaña rusa
 

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Susana Páez nació en Montevideo en enero de 1960. Escribe a modo de catarsis desde que aprendió a tomar un lápiz. De profesión Maestra, ejerció en escuelas públicas de la periferia montevideana hasta 2013. Actualmente jubilada, debido a severas y reiteradas crisis depresivas, continúa escribiendo en su muro de Facebook, en blogs que va abandonando en la red y en revistas digitales, como DZL, donde también se desempeñó como correctora