periodismo cultural y nueva obra

 

Educación y maternidad

 

 

 

  Con los hijos a clase  

 

 

Si la vida humana pudiera ordenarse de la manera prolija en que se la planifica, pocas mujeres tendrían hijos antes de culminar sus estudios o de obtener una preparación mínima que les permita ingresar al mercado laboral.

Pero lo imprevisible se cruza, y los niños vienen al mundo sin que se los haya buscado, cuando sus madres aún son muy jóvenes y están en medio de su proceso formativo. Se trata en términos generales, de madres solteras que deben afrontar la responsabilidad de atenderlos, mantenerlos saludables y proporcionarles la alimentación diaria, todo lo cual exige que dediquen parte de su tiempo a realizar alguna tarea remunerada para costear esas necesidades. En esa situación es lógico que abandonen los estudios, cosa que según datos proporcionados por la ANEP, acontece con cuatro de cada diez jóvenes embarazadas.

El porcentaje restante está decidido a poner un plus para seguir estudiando a pesar de los inconvenientes y de ahí que cada vez con más frecuencia, se vean muchachas jóvenes concurriendo con sus hijos a los centros educativos por no tener con quien dejarlos.

 

            

La tendencia que ha llegado a despertar el interés periodístico generando artículos de prensa y notas televisivas, se asienta en primer lugar en el viejo tema del embarazo adolescente -cuyas elevadas cifras no han podido bajarse en los últimos diez años, constituyéndose en un 16 % de los 48 mil nacimientos anuales que se producen en el Uruguay-, y en segundo lugar, en la pertenencia de la mayor parte de las madres jóvenes a sectores socioeconómicamente bajos, lo que hace bastante difícil contratar a una persona para que se haga cargo del niño en horario de clase.

El derecho a estudiar no está en tela de juicio y sea cual sea la situación en la que una persona se encuentre, no deberían interponerse elementos que sirvieran para impedir el cumplimiento de tal derecho. Pero lo cierto es que el ámbito de un centro educativo pensado para jóvenes y adultos, no es el lugar más apropiado para un niño, y si este se aburre y se pone inquieto en clase –o si tiene alguna afección orgánica o alguna necesidad que lo haga ponerse a llorar- , genera una situación de tensión con los compañeros de su madre que ven dificultado su tiempo de aprendizaje, y con el docente a cargo que siente interrumpido el ejercicio de su labor.

De hecho, en la Facultad de Humanidades de la Universidad San Lorenzo de Paraguay, se prohibió llevar a los niños al salón de clases para “salvaguardar las condiciones de idoneidad y formalidad que deben contener los sectores formativos, considerando que (…) la presencia de niños y niñas afecta los procesos de atención a los asistentes en clase”, dice la resolución.

Lo ideal sería que el chico pudiera quedar en un lugar especialmente acondicionado para él y atendido por personas competentes y a tales efectos, en el marco del acuerdo interinstitucional entre el Mides, el INAU y la ANEP, en 2017 se instalaron tres centros CAIF en las zonas de influencia de los liceos para que los padres pudieran dejar allí a sus hijos.

Cada uno de ellos tiene una capacidad para veinte niños y se encuentran en las inmediaciones del liceo Nº 1 de Young, el 11 del Cerro –en Montevideo- y el Nº 2 de Canelones. Son los primeros de una serie de otros tres que se prevé instalar en el correr del presente año.

Acompañando estas medidas, el Codicen aprobó una resolución el 13 de diciembre de 2017, en la que habilita a los institutos de enseñanza de Secundaria, UTU y Formación Docente, a adecuar las ofertas educativas y las normativas existentes, a las necesidades de las estudiantes adolescentes embarazadas, con lo cual, cada centro tiene las manos libres para flexibilizar horarios, hacer que los estudiantes trabajen en diferentes modalidades, solicitar becas de apoyo, y tutorías presenciales como a distancia. Para evitar la nocturnidad de los niños en los centros CAIF, se sugiere que la madre concurra al instituto educativo que le correspondiere, durante las horas del día.

Mientras el Estado instala algunos centros de acogimiento de niños y gestiona otros a largo plazo para llegar a más sectores de población, las soluciones en cada lugar podrían provenir de la ayuda solidaria de los propios estudiantes de cada centro, asociados en una especie de comisión de fomento que se dedicara a reunir economías para financiar la puesta en condiciones de una sala en la propia institución, a los efectos de recibir a los hijos de las madres que estudian en dichos centros. El personal a cargo de esa sala podría financiarse con los mismos fondos obtenidos o podría provenir del trabajo en pasantía y a modo de práctica, de los estudiantes de educación preescolar.

En Argentina la situación de las madres adolescentes se asemeja bastante. De acuerdo con estadísticas brindadas por Unicef, la problemática del embarazo adolescente viene en aumento y los nacimientos correspondientes a esta franja etaria pasaron del 14,9 por ciento del total de embarazos, al 16,4.

Un relevamiento realizado por la Dirección de la Mujer del gobierno porteño, entre 600 chicas encuestadas en las salas de espera de Maternidades y Hospitales, arrojó que solo el 27 por ciento tiene como proyecto de futuro continuar sus estudios. El 42 por ciento expresó que se dedicará a cuidar al bebé, el 15 por ciento no tiene planes, y otro 13 por ciento está pensando solamente en trabajar.

Para las que continúan con los estudios, existen en la ciudad de Buenos Aires 38 escuelas que tienen salas para los hijos de las adolescentes, o que establecen coordinaciones con jardines de infantes estatales aledaños. Cuentan además con una nueva legislación que les permite faltar más que a los estudiantes comunes, les concede un horario de lactancia, y la posibilidad de ver a sus hijos en los recreos.


 

Leonardo Scampini

 

*Artículo publicado en una reciente edición del diario El Telégrafo de Paysandú.

 

 

 

 


 


 

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