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SÚPERVIAGRA

 

 
Cada héroe tiene su zona de influencia y no la comparte con otros. Batman combate el delito en ciudad Gótica, Súperman en Metrópolis, Spiderman en Nueva York y el Pato Darwin en San Canario. No sea cosa que tengan que pelearse entre ellos para ver quién se encarga de los malos, y mientras se deciden, los bandidos se les terminen escapando.
Pero Súperviagra es un héroe de otro tipo y no tiene drama en compartir el territorio, porque su misión es bien distinta a la de los demás. El Capitán América puede andar por allí defendiendo la vida y los intereses materiales de la pobre gente que no puede hacerlo por sí sola -que de eso se trata la tarea de los paladines de la justicia-, mientras Súperviagra, a dos cuadras de distancia, se encarga de defender el derecho a la felicidad de la gente. Si se cruzan en la esquina se saludan, porque saben que sus misiones son tan distintas como necesarias. 
En la ciudad donde vive este héroe ya no queda gente insatisfecha y él a su vez, siente la recompensa moral de saber que está haciendo un bien, que su rol es tan necesario como insustituible. Que así como hay muchas personas necesitadas de justicia social, las hay necesitadas de justicia sexual.
Todo comenzó una mañana cuando descubrió que tenía un súper poder alojado en su pene, y prosiguió luego, al comprobar el éxtasis desbordante que provocaba cuando mantenía una relación sexual. Él no tenía visión de rayos ni podía andar volando entre los edificios colgado de sus telas de araña, pero su pene, que tenía una magnitud importante, irradiaba un pulso magnético en el momento del coito, y era capaz de desplegar una microlengua que hacía maravillas, además de disparar algo parecido a un rayo láser que cuando llegaba hasta el clítoris volvía locas a las mujeres. 
Claro que a la vez de percatarse de su don especial, comprendió que llevar a la práctica su misión no era tan sencillo como la del héroe común y corriente, porque mientras el trabajo de éste estaba bien visto, sobre el suyo pesaban una cantidad de prejuicios. Si Súperman rescataba un ómnibus lleno de pasajeros cayendo desde un puente recién dinamitado, era más o menos, como ayudar a cruzar la calle a un ciego. Pero llevarse a la cama y darle placer al sinnúmero de infortunados que tenían vedado el acceso al cuerpo de los otros, ya no estaba tan bien visto. Que alguien pida auxilio sexual y otro cualquiera llegue volando con la capa al viento, y se meta en los dormitorios, cocinas y ascensores, la verdad, aparece como algo raro de más.
Pero el apetito carnal existe igual que la sed de justicia -se dijo Superviagra- y aunque siempre se piense en los feos cuando se trata de fijar un prototipo de persona carente de sexo, es bueno anotar que también está la gente que nació con deformidades, o con retrasos mentales, y está la gente que algún accidente los dejó postrados o que alguna enfermedad los volvió repulsivos y dejaron de ser un objeto de deseo.
“¿Qué pasa con ellos?” pensó la persona que, invadida por la duda, estaba a punto de tomar la determinación de convertirse en Súperviagra. Acosado por el pudor y el freno moral, ver el documental español "Yes, we fuck", terminó arrojándolo a los brazos de la decisión. La referida película aborda el tema del sexo en las personas con retraso, con paralisis, y otros tipos de dificultades físicas, y lo hace mostrando bastante explícitamente la consumación del acto sexual, con profesionales a los que se les paga para que hagan esa tarea.
Claro, se dijo Súperviagra, si tenés dinero eso se soluciona, pero si no lo tenés, ¿quién se acuesta contigo si te cortaron las 2 piernas, o si tenés toda la piel llena de cicatrices de quemaduras? ¿Quién te hace el amor si tenés alguna enfermedad deformante? 
De inmediato diseñó y confeccionó un traje que lo hiciera reconocible y se volvió leyenda. Cuando dentro de algún edificio en ruinas u ocultándose en algún depósito de chatarra se quitaba la ropa de ciudadano común, su uniforme rojo-fucsia anunciaba que era hora de encargarse de algún caso.
En cierta ocasión en que se encontraba haciendo sus necesidades en un baño público, alguien se acercó a orinar a su lado y mirando el pene de Súperviagra con detenimiento, le dijo sin mucha vuelta: "¡qué pedazo papito!”, con lo cual, daría comienzo a una nueva etapa del héroe del sexo, ocupándose también de la franja homo.
Luego los varones heteros comenzaron a pedir y hasta llegaron a organizar movilizaciones públicas portando pancartas que decían: ¡Nosotros también queremos! Pidieron inclusive una reunión con Súperviagra para presentar sus demandas pero como les dijo en esa conversación, él no tenía la cola parada, ni las piernas torneadas, ni las tetas turgentes, que lo lamentaba pero que sólo les quedaba esperar que algún día apareciera una heroína que se encargara de la otra parte de la ciudad.
 
 
 
Leonardo Scampini
 
Ilustración de Marcelo Carretto
 

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Leonardo Scampini realizó periodismo en distintos medios (El País Cultural, Relaciones, La Diaria, 7 notas, etc.) y formó parte de los equipos de realización de varias revistas under o fanzines : Sueños, Quark, Mole-q-lar, Viajero de Piedra Muerta, Fuego del Fin. Actualmente escribe en El Telégrafo de Paysandú.