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N° 4 - Mayo de 2018

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 Amnesty (I)

 Crystal Castels

 

En 2014 la vocalista Alice Glass abandona la agrupación, y todos pensaron que se trataba del fin de Crystal Castels. Pero el otro remo del grupo, Ethan Kath, contactó a la cantante Edith Frances y en 2016  puso a rodar sobre los relojes del mundo este nuevo disco.

Se trata de una de las mejores bandas de electrónica y es una suerte que sigan vivos para poder seguir libando sonidos que te mueven el alma, con la misma intensidad con que te mueven el cuerpo. Algo poco común en el panorama actual. 

En cuanto a Amnesty (I) está unos miligramos más meditativo que los anteriores discos pero continúa desbordando energía, proponiendo buenas melodías y enarbolando una tímbrica de otro sistema solar. 

En un planeta donde los melomános se han venido acostumbrando a novedades hechas con carne podrida del pasado,  la propuesta de esta banda canadiense no es cosa fácil para los sentidos. Su música tiene la dureza de lo que aún no ha sido digerido, de lo que el sistema no ha podido absorber, de lo que un oído preparado para las convenciones se niega a escuchar.

15 años de Sueñapalabra

 

 

LA POESÍA EN TODAS PARTES

 

 

 

Nadie decretó oficialmente el final del grupo, pero lo cierto es que su actividad ha venido mermando y parece haber desaparecido aquel ímpetu de los años fundacionales cuando además de editar libros y organizar recitales, "Sueñapalabra" convocaba a la sociedad a través de acciones públicas y llevaba la poesía a lugares como cárceles, hogares para ancianos y hospitales.

Todo ese movimiento comenzó a gestarse en el desaparecido Centro Bar, un lugar donde se realizaban actividades literarias y culturales en general, en la esquina de Leandro Gómez y 19 de Abril. Era el año 2002 y entre varios de los concurrentes al bar fue creciendo la idea de nuclearse para producir algún movimiento, en medio de una sensibilidad de época que les era propicia.

 

 

PERO HOY LO HARÍA

 

La necesidad de comunicar era muy grande y según Jorge Jesús, en el Paysandú de entonces proliferaban los talleres literarios y las publicaciones de taller que buscaban abrirse camino en la sociedad para que se leyera lo que se estaba haciendo. Lo que faltaba era cerrar el círculo de comunicación, idear el mecanismo capaz de hacer el traslado entre emisor y receptor para que la poesía llegara a la gente

"En ocasión del cumpleaños del poeta Líber Falco, sobre las mesas del boliche Centro Bar apareció el poema suyo que dice: "Fuera locura pero hoy lo haría: /atar un moño azul en cada árbol. / Ir con mi corazón de calle a calle. /Decirles a todos que les quiero mucho..." Y como en el Taller Literario de la Dirección de Cultura habíamos comenzado a trabajar la pregunta sobre cómo romper la incomunicación entre la sociedad y el poeta, al leer aquellos versos nos dijimos ¿Y si festejamos el cumpleaños de Líber Falco atando moños azules en las plazas y en los árboles", rememora Jorge Jesús.

La directora de cultura del momento, Macarena Collazo, habilitó la iniciativa y se expandió por las escuelas, al tiempo que en un liceo de Quebracho rápidamente se organizó un concurso de poesía. Al colectivo naciente le pareció que poner moños en el espacio público sonaba a poco y entonces, armó un cronograma de actividades para todo el mes: veladas de poesía, jornadas de lectura simultánea, maratones de poesía, presentación de libros, charlas, exposiciones de fotos antiguas, talleres de plástica. Un festival. En octubre. En el mes del cumpleaños de Líber Falco. El mes de Sueñapalabra.

 

 

El nombre del grupo fue un aporte de Felipe Vener, propietario de Centro Bar - quien además tuvo la idea de nombrar a la nueva peatonal 19 de abril con el nombre del poeta sanducero Humberto Megget, un compromiso asumido por las autoridades pero jamás oficializado- y las atadas de moños en los años venideros, pasaron a ser un aporte de la misma sociedad.

"Al principio salimos nosotros a colgar los moños pero luego comenzaron a hacerlo los niños de las escuelas, y los muchachos del liceo tomaron la iniciativa de subir a los ómnibus a leer poesía o de repartir volantes con poemas en las esquinas, o de tirar globos desde los edificios. Llegó un momento en que la gente nos preguntaba ¿y? ¿este año no van a poner moños?. Fue una idea que llegó para quedarse y sin dueños", cuenta Jorge Jesús.

En una escuela de Quebracho se les ocurrió poner un poema junto con cada moño, y en un almacén de Pueblo Esperanza se regalaban poesías junto con cada compra. En cierta ocasión le ataron un moño a una vaca en el medio del campo, y se comenta que una señora que ordeñaba vacas, entregaba un poema junto con la leche que vendía.

 

 

La revista Mbrucuyá que salía los miércoles con El Telégrafo, comenzó a publicar una contratapa llamada "La posta de Sueñapalabra" donde se publicaban poemas escritos por estudiantes secundarios, que eran colocados en una caja que viajaba de liceo en liceo. La caja se dejaba en un centro educativo y a la semana se pasaba a recoger para llevarla a otro liceo.

Milton Nan, que se integró a Sueñapalabra unos meses después, tuvo la idea de editar unos rollitos de poesía y ponerlos en un cajón de frutas para que se los llevaran junto con la compra de las manzanas y las naranjas.

"Cuando entré a Sueñapalabra el grupo se estaba armando. No sé a quien se le atribuye la idea de crearlo, aunque algunos dicen que fue a Jorge Jesús. Luego de conocerlo no me extrañaría que la iniciativa haya partido de él, porque Jorge es un gran fastidiador en el buen sentido de la palabra, que hace que las cosas se muevan, que invita a la gente a participar, que organiza las reuniones, que va a la imprenta, que recauda el dinero. Estábamos en la crisis del 2002 y en el entendido que había que hacer algo, se empezó a juntar la gente para leer poesía y eso fue muy estimulante. Al principio nos reuníamos en el bar de Felipe Vener pero luego, la Alianza Francesa nos recibió como sede", recuerda Milton Nan.

En esas reuniones se planificaban las acciones futuras y se tomaba nota de propuestas venidas de afuera del grupo, a las que siempre se les daba viabilidad. "No había un dirección general que autorizara o juzgara si esa actividad estaba en capacidad de hacerse", dice Nan, porque Sueñapalabra apostaba al movimiento y prefería coordinar las iniciativas antes que acaudillarlas.

"Nosotros desde un principio no quisimos personalizar con directivas, fue una cosa de mucha gente, aparentemente espontánea pero que estaba organizado por la misma gente en cada lugar, a través del reservóreo cultural que es el maestro y el docente", explica Jesus.

 

LA CREACIÓN

 

Las acciones públicas hacían visible al grupo y en sí mismo era un objetivo perseguido. Pero también estaba la motivación principal de dar a conocer lo que se estaba haciendo, y estimular a la gente para que se animara a escribir o mostrara las cosas que ya tenían escritas.

"Hubo momentos increíbles, como cuando una señora muy humilde y con su bebé en brazos, apareció en la puerta de Centro Bar y se quedó allí esperando que alguien la atendiera para mostrar un poemario que nunca había dado a conocer antes. Eso fue el valor del Sueñapalabra, que hizo sacar un poco la vergüenza a la gente que escribía. Porque el escritor es muy de escribir y guardar en el cajón. Todos lo hemos hecho y muchos inclusive, hemos publicado a través de un seudónimo para no darnos a conocer", comenta Lucía Borsani.

Borsani se integró al grupo en su segundo año de funcionamiento, cuando se estaba gestando el primer libro colectivo, y allí estuvo trabajando de manera plena durante cinco o seis años. Según recuerda, el núcleo fundacional de Sueñapalabra estaba conformado por Macarena Collazo, Rossana Migliónico, Jorge Jesús, Déborah Eguren, Ruben Rodríguez, Liliám Silvera, Sonia Bruno y Julio Elizalde, un activo participante en el área de las artes plásticas.

Con el paso del tiempo se acercaron al grupo escritores con obra publicada como Ana Laura Rocha y Jesuína Sánchez, y en los cerca de diez libros editados por Sueñapalabra, aparecen nombres como los de Gladys Coppes, Mario Sarabí, Víctor Dantaz y Margarita Heinze entre otros. Muchos de esos libros reunían más de veinte escritores desconocidos o casi -"Sueñapalabra", 2005- y en ocasiones los autores presentados llegaban a ser más de sesenta -"Versoñadores", 2008-.

"El movimiento llevaba a decir 'vamo arriba! si tenés algo para publicar traelo. No había juzgamiento o valoraciones estéticas previas y por eso, no todo lo que aparecía en los libros era poesía. A veces eran expresiones de un sentir que parecía un poema, porque la idea era hacer un movimiento de poesía popular tanto para fomentar la lectura como la escritura", explica Borsani.

La participación en textos colectivos animó a los autores con sus ediciones personales y así se hicieron realidad, "Papiros" de Jorge Jesús, "Horas que merecen el viaje" de Déborah Eguren, "Loca por la luna" y "Vestida para salir" de Lucía Borsani, "Construirse en poemas de amor y lucha" de Víctor Dantaz, o "Un nuevo sol viene quemando" de Ana Laura Rocha.

Entre muchos de los textos de esas ediciones personales y varios poemas aparecidos en los libros colectivos, se perciben zonas de sensibilidad depurada titilando en el gran mar de la poesía popular. Estaban los versos de Gladys Obispo ("Y ahí me quedé, / también anónima, / aspirando/ la primera violeta / del invierno"), algunas líneas soberbias de Déborah Eguren ("El horizonte quiebre su garganta herida de sol"), el tierno erotismo de Lucía Borsani en un poema como "Tu sed" ("A veces me desnudas/ y me llevas/ a la cama de tu sueño/ tallada para mí/ un gran desierto quisiera/ sin pisadas/ y en esas noches de estío/ muerto de sed/ no dices nada/ nada razonas/ no inventas máscaras/ tan sólo trepas a mis dunas/ y me pides agua.") , o la vena descriptiva y sarcástica de Milton Nan en "Mujer independiente":

 

Empezó a leer de autoayuda

a aplicarse reiki por las contracturas

a andar en bicicleta

hizo un curso de bonsai del amor por internet

después uno de goma eva

está pensando en cestería

Y se ocupa

Los martes yoga los jueves al teatro los viernes con las

tías

Después planifica suma y arregla el ropero

Viajó a Brasil y España

Pronto se irá a buscar en Machu Pichu

En esta búsqueda por renovar

cambió los muebles de lugar

y se compró un gatito para acariciar

 

Dice sentirse plena

-Lo que me alegra al fin

es que precisara tantas cosas para sustituirme

 

OTROS ASPECTOS

 

"El movimiento se nutría también de músicos, periodistas y artistas plásticos como Julio Elizalde que acompañó al colectivo desde el principio con su cordel literario, una mezcla de poesía y arte llevada a cabo en sus talleres. Fernando Irecio ilustró algunas de las portadas de los libros, y músicos como Caco Pauletti, Eduardo Corti, Reynaldo Pina y André Masonier se hacían cargo de la musicalización de los recitales", cuenta Lucía Borsani.

Irecio inclusive, tuvo que viajar a la ciudad de Colón para hacerse cargo del sonido y el power point, según cuenta Milton Nan. Tal cosa sucedió en el recital llamado "Queridas cartas" a cargo de Nan y Lucía Borsani, que consistía en la lectura de cartas de amor propias y de personajes de renombre como Frida Khalo o Napoleón Bonaparte.

Gracias a Sueñapalabra, escritoras como Borsani dejaron de usar seudónimo para mostrar sus trabajos y se animaron a hacer sus primeras publicaciones. Gracias a Sueñapalabra "la poesía se popularizó y los poetas dejaron ser bichos raros", dice Jorge Jesus. Gracias a Sueñapalabra hasta nacieron historias de amor. Historias que llegaron para quedarse e historias que tuvieron un inicio y una conclusión.

"La tarde se me cayó de las manos" escribió Déborah Eguren, y no es dificil imaginar la tristeza que la invadía por el fin de una ilusión.

 

Leonardo Scampini

 

 

 

 

 

TEXTOS COLECTIVOS

 

Transparencias, 2002

Versos plurales, 2003

Esto somos, 2003

Tiempo de..., 2004

Sueñapalabra, 2005

Octubre azul, 2007

Versoñadores, 2008

Ópalo y ámbar, 2012

Arca de letras, 2015

 

 

 


 

*Publicado anteriormente en el suplemento Quinto día del diario El Telégrafo (Paysandú)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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M Ú S I C A

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C I N E

 

¿Cuál es la dimensión del mundo? ¿Cuál la noción de realidad? ¿Se puede ser feliz hacinado adentro de una cabeza de alfiler? ¿O lo extenso es condición obligada?